viernes, 18 de octubre de 2013
sábado, 5 de octubre de 2013
martes, 6 de septiembre de 2011
Borgata
La cuidad de hombres: para llegar a Borgata es imprescindible subir a un barco, una canoa, o cruzar a nado ya que queda del otro lado de la luna……
Para llegar a la cuidad hay que atravesar el mar, no sobre, …..si no a través y es necesario llevar un bastón, una vara, un palo, porque allí todo es de cenizas…. Polvo….piedritas… roca caliza….que se formó por la lluvia y el viento.
Una espesa capa de ceniza gris hace dificultoso el caminar de los habitantes,y si no se conocen donde están ubicados los pozos, corres el riesgo de caerte, de hundirte y que nadie te encuentre jamás….
Esta ciudad, negra…… blanca…. Gris….inolora…. tibia….. volátil….. seca…. sólo se espera que pase el tiempo, se vive echados en las columnas borrachos de tanto polvo, durmiendo sobre las rocas o buscando algún deseo enterrado en las cenizas que alguna vez alguien dejó.
La soledad…..el aburrimiento…. el hambre y otros sentimientos…… hacen que los habitantes se suiciden, este fenómeno ocurre cinco y seis veces al día…
Las personas eligen, abrazan un roca que es lo único que hay ante sus ojos, y entregan su cuerpo al fondo del mar, dónde ahí al cabo de cinco o seis horas regresan, emergen de la profundidad pero esta vez no como habitantes de la ciudad de Borgata, ni como musgo, ni como raíz de orquídeas, sino en un puñado más de cenizas
y……………………………….
Romina Torres 2°año Primario
Romina Torres 2°año Primario
Las ciudades y los ojos
Las ciudades y los ojos Italo CalvinoAl llegar a Fílides, te complaces en observar cuántos puentes distintos uno del otro atraviesan los canales: convexos, cubiertos, sobre pilastras, sobre barcas, colgantes, con parapetos calados; cuántas variedades de ventanas se asoman a las calles: en ajimez, moriscas, lanceoladas, ojivales, coronadas por lunetas o por rosetones; cuántas especies de pavimentos cubren el suelo: cantos rodados, lastrones, grava, baldosas blancas y azules. En cada uno de sus puntos la ciudad ofrece sorpresas a la vista: una mata de alcaparras que asoma por los muros de la fortaleza, las estatuas de tres reinas sobre una ménsula, una cúpula en forma de cebolla con tres cebollitas enhebradas en la aguja. “Feliz el que tiene todos los días a Fílides delante de los ojos y no termina nunca de ver las cosas que contiene”, exclamas, con la pesadumbre de tener que dejar la ciudad después de haberla sólo rozado con la mirada. Te ocurre a veces que te detienes en Fílides y pasas allí el resto de tus días. Pronto la ciudad se decolora ante tus ojos, se borran los rosetones, las estatuas sobre las ménsulas, las cúpulas. Como todos los habitantes de Fílides, sigues líneas en zigzag de una calle a la otra, distingues zonas de sol y zonas de sombra, aquí una puerta, allá una escalera, un banco donde puedes apoyar el cesto, una cuneta donde el pie tropieza si no te fijas. Todo el resto de la ciudad es invisible. Fílides es un espacio donde se trazan recorridos entre puntos suspendidos en el vacío, el camino más corto para llegar a la tienda de aquel comerciante evitando la ventanilla de aquel acreedor. Tus pasos persiguen no lo que se encuentra fuera de los ojos sino adentro, sepulto y borrado: si entre dos soportales uno sigue pareciéndote más alegre es porque por el pasaba hace treinta años una muchacha de anchas mangas bordadas, o bien sólo porque recibe la luz a cierta hora, como aquel soportal que ya no recuerdas dónde estaba. Millones de ojos se alzan hasta ventanas puentes alcaparras y es como si recorrieran una página en blanco. Muchas son las ciudades como Fílides que se sustraen a las miradas, salvo si las atrapas por sorpresa.
Ciudades Invisibles
Las ciudades sutiles
Italo Calvino
Se supone que Isaura, ciudad de los mil pozos, surge sobre un profundo lago subterráneo. Dondequiera que los habitantes, excavando en la tierra largos agujeros verticales, han conseguido sacar agua, hasta allí y no más lejos se ha extendido la ciudad: su perímetro verdeante repite el de las orillas oscuras del lago sepulto, un paisaje invisible condiciona el visible, todo lo que se mueve al sol es impelido por la ola que bate encerrada bajo el cielo calcáreo de la roca. En consecuencia, religiones de dos especies se dan en Isaura. Los dioses de la ciudad, según algunos, habitan en las profundidades, en el lago negro que alimenta las venas subterráneas. Según otros, los dioses habitan en los cubos que suben colgados de la cuerda cuando aparecen fuera del brocal de los pozos, en las roldanas que giran, en los cabrestantes de las norias, en las palancas de las bombas, en las palas de los molinos de viento que suben el agua de las perforaciones, en los andamiajes de tela metálica que encauzan el enroscarse de las sondas, en los tanques posados en zancos sobre los techos, en los arcos delgados de los acueductos, en todas las columnas de agua, las tuberías verticales, los sifones, los rebosaderos, subiendo hasta las veletas que coronan las aéreas estructuras de Isaura, ciudad que se vuelve toda hacia lo alto.
Ciudades Invisibles
“¿Qué es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles.
A este emperador melancólico que ha comprendido que su ilimitado poder poco cuenta en un mundo que marcha hacia la ruina, un viajero imaginario le habla de ciudades imposibles, por ejemplo una ciudad microscópica que va ensanchándose y termina formada por muchas ciudades concéntricas en expansión, una ciudad telaraña suspendida sobre un abismo, o una ciudad bidimensional como Moriana”.
Italo Calvino
miércoles, 24 de agosto de 2011
Ciudades Invisibles
Ciudad 2
Ciudad, sin tiempo, sin prisa, habitada por sin número de formas y figuras, oscuras, claras y a veces borrosas, con alegres risas cual sonar de cascabeles.
Si quieres pasar, no llames a la puerta es que nadie te atenderá. Pues todos están en las calles, contando historias, de aquellos que pasaron por ahí llevándose todo y se fueron girando sin mirar atrás. Historias de abuelos, de amores, de sueños, de hijos.
Allí las noches no son tan oscuras como otras y los días son más cálidos que en las ciudades vecinas.
Es así que son las formas, que velan por las figuras. Y los ancianos de figuras borrosas esperan en los sueños, la llegada de mejores tiempos.
Y siguen sonando en el aire el cascabeleo de las risas, y las historias…
Carina Ferreyra
Ciudad de ciudades
Cuidad constituida por grupos, de serios, bien acomodados, como dicen por ahí. Están los Portescos, los Jares, los Mennos y otros.
Todos ellos son grandes esferas, de ojos alargados, de mirada fría, muy estirados, impecables, esbeltos, inigualables, aplastan con su magnificencia.
No es poca cosa, el no ver a nadie que viva cerca de ellos, están siempre rodeados de muros.
Portescos, Jares, Mennos…… esferas, esferitas que vienen girando desde hace tiempo. Llenando su cuidad de ciudades, dejando los pueblos cercanos sin sus Cereneos, Artigas, Mondescos.
Ciudad que gira y gira llevándose todo lo que encuentra a su paso, cuidad de ciudades.
Desatentos, desiguales, parcos, dicen aquellos que los vieron pasar.
Oh! Grandes y esbeltas esferas, tan inescrupulosas.......
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Nuestras escrituras....
domingo, 5 de diciembre de 2010
Ultimo Round.....
El poeta no tiene otra alternativa que inventar o crear otros mundos. La poesía crea realidad, no ficción. Afirmo que la poesía es realidad, y para mí es la mayor realidad posible porque es la que cobra conciencia real de la infinitud. |
Roberto Juarroz |
Ultimo Round.....

Ultimo Round.....
Mis libros (que no saben que yo existo)
son tan parte de mí como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan están en esas hojas
que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos
me dirán para siempre.Jorge Luis Borges
Ultimo Round.....
Ultimo Round.....

.......Me acuerdo de la mañana en que me cayó encima Una flor amarilla: el bloque amorfo era la noción del hombre que encuentra a un niño que se le parece y tiene la deslumbradora intuición de que somos inmortales. Escribí las primeras escenas sin la menor vacilación, pero no sabía lo que iba a ocurrir, ignoraba el desenlace de la historia (...)
domingo, 14 de noviembre de 2010
LECTURA CALLEJERA
¿La literatura se puede pensar conjuntamente con el cuerpo? ¿Se entrecruzan en el ejercicio mutuo estos conceptos?¿Leer se parece a moverse, sentir, expresarse, bailar, danzar?
Cuando leemos un libro nuestro ser se activa, se emociona, imagina, recrea, fantasea; algo en nuestro cuerpo entra en acción, y ésto, responde a nuestra necesidad de satisfacer diferentes ansias; en este caso las ansias de leer. La emoción de tener un libro en nuestra manos representa la inquietud de saber de qué se trata, ésto es una activación del cuerpo , donde entra en desequilibrio, una movilización del mismo, el que pide que saciamos la necesidad de conocer el contenido del libro.
Por otro lado el cuerpo puede producir infinitas acciones, pero una de las más apasionantes de este conjunto (cuerpo-mente mente-cuerpo) es la “apropiación”. La apropiación de una danza, en la que se proyectan el arte de lo contemporáneo y la literatura, fusionándose, donde el cuerpo se deja llevar y es él al que se debe leer; por una música, donde las infinitas melodías resuenan en nuestros oídos provocando placer; apropiación de un deporte, donde el cuerpo se estremece por la adrenalina y naturaliza cada movimiento; la apropiación de un libro, una lectura, un texto, donde cada cuerpo le da vida propia, el sentimiento, la pasión, el deseo de continuar leyendo…
En síntesis, la apropiación de algo, de infinitas cosas, es hacerla mía, hacerla propia, hacerla tuya, de nosotros, y en este accionar, darle vida.
Entonces si la literatura provoca tal estremecimiento en nosotros ¿Qué es lo que nos motiva, que nos mueve el cuerpo?
Sabemos y conocemos infinitas maneras de leer, leer una imagen, una melodía, una pintura, el arte, el sol, el mundo; cosas que atrapan nuestra atención sin darnos la menor cuenta, estas son diferentes maneras de leer; pero encontramos una muy particular, leer escuchando, y escuchar leyendo.
¿Podemos leer mientras escuchamos, y escuchar mientras leemos?
Claro que si, el leer en voz alta escuchándonos es una manera de conocernos a nosotros, escuchar una parte de nuestro cuerpo que es la voz, darle diferentes entonaciones, esto a la vez nos permite compartir la lectura con otros. Y aquí tomaremos unas palabras prestadas:…”Dice Steiner que el lenguaje contiene mundos, es políglota y que cuando hablamos,” oímos entrelineas”. El matiz puesto en el “entre líneas” convierte al oir en “prestar oído” y lo aproxima a escuchar. Ese oír transformado supone intencionalidad, conciencia, actividad y no es solo el registro pasivo y a veces distraído de los sonidos del otro”.
¿Se puede leer nuestro cuerpo?
En nuestra experiencia con los susurradores pudimos percibir algo de lo que dejábamos en el otro, en ese otro que nos prestaba su oído y que a través de gestos nos demostraba su placer o displacer al oírnos… fue algo muy fuerte lo que sucedió allí, sentimos que algo, aunque mínimo, dejábamos en ellos; asombro, goce, descontento o lo que fuere… pero si es seguro que una señal sobrevino…. Un sobrevenir quizás igual al que nos atravesó a nosotras en la experiencia; en las clases, en las que las diferentes lecturas provocaban un devenir de experiencias, posibilidades enriquecedoras; en esas clases en que logramos hacer hablar a nuestros cuerpos, en las que la voz estaba ausente, pero que a la vez resonaba por nuestros ser…
Por eso enfatizamos en esta maravillosa experiencia, en la que transmitimos lo que a nosotras nos flechó, lo que nos atravesó el cuerpo, ”lo que nos clavó su punctum”, al decir de Barthes, la literatura atrapada en nuestras mentes fue leída, con la sola intención de flechar a las personas que nos rodeaban, ya no estábamos leyendo íntimamente sino que habíamos emplazado la palabra sin darnos cuenta, la habíamos transformado a nuestra manera, y de este modo solo la expresábamos a los demás, quienes con su propio cuerpo demostraban… lo que con palabras podían…Esa experiencia renovadora, inmersa en un mundo de palabras, frases, cuentos, coplas, nos llenó el corazón, dejando nuestro mundo interior, nuestro cuerpo, con ganas de volver a resonar en el cuerpo de otros…
Cristina Gisbert




